A veces escribo. A veces nomas me da por moler

A veces escribo. A veces, nomas me da por moler.

lunes, 10 de enero de 2011

viernes, 7 de enero de 2011

La Jornada: Allanan en Argentina empresas agrícolas con peones esclavos

Sigue el año del tigre hasta el 3 de febrero. Mientras tanto, el manto de Isis sigue cayendo poco a poco. La predicción dicta que saldrán a la luz secretos de los poderosos. En el caso de hoy el secreto es que sigue la esclavitud en nuestro amado continente.
Esperemos que el conejo 2011 siga con la misma tónica y no quede una sola piedra sin dar la vuelta. En un mundo de almas despiertas, no cabe la esclavitud, no cabe la mentira, no cabe el dolor de unos para favorecer la sed de poder de pocos.
La Jornada: Allanan en Argentina empresas agrícolas con peones esclavos

sábado, 11 de diciembre de 2010

Otra reflexión sobre el ser viajero


II

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Soledades. Antonio Machado

Una de las cosas que me han dado cierto nivel de identidad es el encontrarme en el rostro del otro estando en el extranjero.

Cocinar durante mis viajes me ha ayudado a comprender que el viajero es curioso y que despierta curiosidad. En otros tiempos, viajar era mucho más arduo; por lo tanto los viajeros empedernidos además eran calificados de valientes.

Pero me doy cuenta que es igual de valiente ser un viajero varado en su lugar de origen o en algún otro puerto. Y también está el hombre sencillo que no viaja, pero que vive feliz en su mundo interior, sin que la intromisión del otro le afecte. Sólo los hombres sencillos no se sienten afectados por nadie.

Pero otros no tenemos tanta sabiduría y necesitamos salir al mundo para sabernos humanos.

Porque al cambiar el punto de vista después de usar las veredas, el viajero reconoce que su identidad no se encuentra en su bandera o en su pasaporte, sino en su corazón.

La primera vez que pensé en eso fue a principios de los 80’s.

Mi abuela daba alojamiento a estudiantes y becarios chinos inscritos en programas de intercambio por parte de la Embajada China.

Aprendí mucho de ellos, sobre todo aprendí a respetar espacios privados, lo cual no era sencillo ya que hasta entonces, creía que nadie tenía derecho a vivir en mi casa si no era de mi familia. Di muchos traspiés, cometí muchas faltas de respeto, insulté mucho y con ganas. Me sentía invadida.

Al poco tiempo y a punta de tertulias, comidas y horas de convivencia, me di cuenta que me estaba convirtiendo en una mejor persona con ellos en mi vida.

Fueron la Señora Fú, la señora Liu, la señora Xu Yin y Li, los que me enseñaron a amar a China; no sólo a mis abuelos y bisabuelo.

¿Por dónde entró el amor?

¡Claro!

Por el estómago.

En un acto de prestidigitación, lo que parecía complicado en el Wu I Lan, en la cocina del condominio Insurgentes se convertía en los platos más sorprendentes.

Era un acto de amor verdadero oler esos aromas, entablar esas pláticas, escuchar esa música.

Luego, con esa mentalidad, llevé conmigo el conocimiento no de recetas, sino de flexibilidad. Si ellos podían convertir una taza de harina en los tallarines más deliciosos y un simple palo de escoba, en el rodillo más eficaz, yo también podía adaptarme con lo que fuera.

Así pude hacer algunos platos, como quesadillas con harina de maíz… palomero, por ejemplo.

Así pude encontrar en mesas ajenas el mismo color de mi identidad

Así aprendí a querer y respetar al que me tiene miedo, convirtiendo en paz, lo que asomaba una disputa.

Y sigo en eso.

Sólo que hoy, a finales de esta primera década, apelo a esa misma paciencia aprendida de mis amigos extranjeros y de mi propio yo como extranjera, para comprender ese cúmulo de “valores” que ahora me parecen repugnantes:

El chovinismo, la xenofobia, el racismo, etnocentrismos y nacionalismos varios.

Cuando veo cómo algunos conocidos (jamás los tomaría por amigos) vuelcan su frustración contra los inmigrantes, en especial contra los inmigrantes chinos, sudamericanos y norteamericanos en México, se me revuelve el estómago.

Esa nausea es porque yo sé que al odiar al otro, se odia a uno mismo.

Incluso he visto que esos mismos sujetos, aún mostrando la huella de muchas “razas”, se ofenden al ser llamados “indios”. Es más, conocí a un biólogo “orgullosamente mexicano” que dice que ni siquiera somos todos de la misma especie. Que las razas humanas en realidad son especies distintas.

(Santo Dios)

Estamos enfermos de odio.

Como siempre, la prevención de una enfermedad requiere una inversión de tiempo y disciplina.

El remedio, en cambio es rápido, pero caro.

En este caso la enfermedad es la raíz del chovinismo (por nombrar a un solo “ismo”) La cura es poder viajar: migrar y convertirse en minoría.

Es un remedio caro, pero he visto que funciona en mentes que tienen la tendencia a la bondad y la belleza.

Y en quien no funciona. Como el caso del típico turista mexicano que a una semana de estar fuera de su patria, clama por un pozole en tierra ajena; bueno, supongo que no hay mucho por hacer mas que sentir compasión o lástima.

Sólo un viajero lleva en el corazón las recetas de su patria, y no lo hace por añoranza, sino por el simple gusto de compartir su cultura.

Entonces nace la identidad, porque se topa con la identidad del otro y de ello, nace por un pequeño instante La Paz.

Buen viaje y feliz año nuevo a los viajeros de buena voluntad.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Jornada: Ascendencia africana de mexicanos, negada

La Jornada: Ascendencia africana de mexicanos, negada

Vivo en un barrio que fue predio irregular. Se llama Tepeximilpa, Tlalpan y está en la frontera con Morelos. A lo largo de los últimos 20 años, Tepeximilpa ha crecido aún más gracias a la migración de gente de Guerrero, Morelos y Michoacán, principalmente. Algo que sorprende a los que llevan mucho tiempo viviendo aquí es la cantidad de "morenitos" que hay en esta zona.
Escuchar ese y otros eufemismos me revuelve el estómago, como si parte de la mentalidad del mexicano no incluye una mínima noción de lo que es ser mexicano y ser mestizo. Se ha cacareado tanto la herencia indígena combinada con la española que se olvida que hay una sangre negada y olvidada que también forma parte de nuestra herencia.
Los invito a leer el artículo de la Jornada donde se abarca levemente este tema.

miércoles, 13 de octubre de 2010

De todos modos ¿quién dijo que sólo en los Estados Unidos está el sueño americano?

Los sueños americanos con rostro van y vienen haciendo su vida, adoptando a México como su país, y a la topografía artificial del DF como su hogar.
Esta ciudad es de todas las nacionalidades y desde su misma fundación el 18 de Junio de 1325 DC, ha sido ciudad refugio; santuario de aquél al que su país le ha quedado muy chico. Nunca en paz, siempre arrebatado a la fuerza como podría contar en sus piedras el señorío de Azcapotzalco.
Dos de mis bisabuelos, uno proveniente de Cantón y el otro de Badajoz, se juntaron con mujeres que ya llevaban en su código genético el mestizaje intrincado de lo que ahora se llama “mexicano”, un tema tabú que implica tanto que no me atrevo a abarcar ni el bordecito.
Cada vez que se me ocurre enumerar la mescolanza que se bate en mis venas acabo calificada como racista en el peor de los casos, etnocentrista en el menor; aunque aún no entiendo la diferencia.
Pero esa noción de migrante la llevo como un par de botas de campo traviesa. En mis viajes siento cómo ese código genético se activa motivando a mi instinto de supervivencia: Salgo de casa y me vuelvo mejor, con más recursos mentales, mis ojos ven de otra manera lo que no tiene un código familiar.
Regreso al sur de Tlalpan y me aplatano, me da una flojera inmensa ir y hacer mundo. ¿Será por eso que Tlalpan está lleno de enfermos, locos y religiosos?
Luego de vuelta al aeropuerto, al camión, al Atlas.
Al tren (ay dios) Ya no se puede, está muy caro y distante.
A veces siento que mi consciencia crece un par de centímetros por cada milla acumulada.

Migrantes, inmigrantes, migración y pata de perro.
Algo que en este continente lleva la marca de la supervivencia.
Tengo un par de semanas yendo y viniendo de Tlalpan a la Roma/Condesa, ya que es en mi viejo barrio donde está el médico que extirpó soberano lunar que le había dado por crecer en mi nariz.
Y voy a pasear el terruño de la infancia y me lamento por los rincones que esas rameras que en sus momentos se llamaron: LA CRISIS, se han llevado entre las patas lo que fue una comunidad más sencilla.

Ya se fue el hospital de muñecas, la panadería Hipódromo, la tiendita de la viejita cochina, el dolce gelatto, el Paris Londres. Sobrevive de milagro Hollywood aunque sus hamburguesas ya no saben igual y el Mr Kelly’s que sigue tan setentero como hace treinta y tantos años. Ni el modesto gigio’s pizza, ni un solo mugre burguer boy.
Tampoco encuentro los personajes: El señor Sikh que yo creía que era el mismísimo Sandokan. La viejita de las palomas con la cual platicaba ya no sé de qué. El globero que dibujaba lo que fuera a encargo en sus globos. Don Paleto, las Guías de México, Don Emilio que daba la bienvenida en el Condominio Insurgentes, que ahora se levanta como una lápida mugrosa.
La manada de perros hippies comandados por el güero. Los patos canadienses que un día llegaron solitos al parque México.
Me doy cuenta que sigue siendo un barrio de migrantes que nunca, nunca, nunca, se quedaran amarrados a una sola cama en un solo gueto y un solo acento. Migrantes que tienen hijos sin pedigrí, que hablan dos o tres idiomas sin problemas pero todos mexicanos, con ojos profundos, nacidos sabios por obra y gracia del amor, o por lo menos de la lujuria.
Igual que en el área de la bahía de San Francisco, único lugar en Estados Unidos donde siento lo mismo que siento cuando regreso a la Roma/Condesa.
A veces creo que todos somos ya mestizos.
Que todos somos hijos, nietos, bisnietos de aquel Ulises que se echó a andar.
No somos Criollos, sino MESTIZOS.
Perros corrientes y felices que preferimos barrios como la añorada Roma a la que volveré aunque se caiga en el siguiente terremoto.

Tlalpan, que significa “sobre la tierra”, me ha quedado muy chica.
Como que prefiero un lugar donde los acentos sean tan variados como los sabores.
Un lugar donde la vecina de al lado le enseñe a su loro a decir groserías en coreano y que éste le conteste en Purépecha o Lunfardo.
Prefiero sentir que estoy en el mundo y no en un escaparate de artesanías que ostentan precios de cuatro cifras.
El sueño americano toma un café con leche en una fondita de barrio, deja una propina y se va a trabajar haciendo historias.
El sueño americano habla esta cosa parecida al Castellano ¿Qué no lo sabían? Pero aprende de memoria al menos una palabra de cada idioma, llevando en sí el recuerdo de la lengua del imperio: El latín.

Tomado de varias notas escritas en servilletas y
papelitos en mis últimas visitas al doctor.

lunes, 21 de junio de 2010

Demasiados nombres con acentos diacríticos o David Letterman's top ten reasons Americans Don't Like Soccer.


A punto de cerrar los ojos, la voz de David Letterman me quitó un poco el sueño: la razón, su lista regresiva de las diez razones de por qué a los norteamericanos no les gusta el fútbol.
Esperaba con algo de miedo que sus razones fueran las mismas que las mías. Ya sería el colmo, porque definitivamente, el hecho de estar enamorada de un gringo, no necesariamente provoca que yo esté de acuerdo con lo que la caja idiota gringa dicta a gritos todos los días. Pero siendo Dave un comediante, medio ñoño, pero comediante, al fin de cuentas; tenía que escuchar su punto de vista y aquí está traducido:

LAS DIEZ RAZONES DE POR QUÉ A LOS AMERICANOS NO LES GUSTA EL FÚTBOL SOCCER.

10 Demasiados extranjeros.

9 La porra no lo deja a uno echar la siesta durante las partes aburridas.

8 Las riñas en la banca no son tan divertidas sin palos ni bates.

7 No hay una cancioncilla que nos recuerde si estamos listos para el soccer.

6 Hacen falta esteroides.

5 Hay demasiados jugadores con acentos diacríticos en sus nombres.

4 Los americanos no ponen atención por estar leyendo (¡!).

3 (sarcástico) No tiene la acción estremecedora de las cinco horas del béisbol.

2 Sin los suficientes tiempos extra, no hay cómo echarle más botanas al hocico.

1 Demasiadas patadas, pocos chingadazos.

viernes, 28 de mayo de 2010

El decálogo del salado

Por la insigne Dra. Cristiniux de Petatiux, experta en malas patas.

Dios & Jess & cia, me han iluminado. Alabado sea, porque en medio del regocijo, hermanos, me ha dado la oscuridad que me guiará en la luz de mi buena ventura.

Sing with me ma’ brotha’.



Y habló ese cabrón que me tiene podrido, todas estas palabras diciendo:

Yo soy la neta del planeta, que te saqué de Egipt... no; que te saqué de tu cama cuando placenteramente dormías como un joyero judío.

I. no tendrás patas de conejo o cualquier animal ajeno ante mi.

II. No creerás que hay mala pata a imagen y semejanza tuya, ni en el cielo ni en la tierra, la verdad es que eres el más jodido de todos los hombres que han pasado por lo mismo.

III. No tomarás el nombre de tu mala suerte en vano, si puedes mienta la mala pata de otros, porque después de todo, superas en mucho hasta al mismísimo Job.

IV. Honra a tu padre y ¡chinguen a su madre todos!

V. No matarás. (Seguro vas a dar al bote)

VI. No cometerás adulterio. (Seguro te matan)

VII. No hurtarás. (La billetera podrá ser muy bonita, pero ten por seguro que adentro hay puros billetes del banco de patolandia)

viiiii. (Porque nadie es perfecto) Acuérdate del día de reposo para santificarlo. (O mentar madres, porque seguramente vas a terminar trabajando ése día)

VIII. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio (Lo más seguro es que te delates tu solo)

IX. No codiciarás la casa de tu prójimo, (Está peleada por la asamblea de barrios) ni la mujer de tu prójimo, (¿Estás loco?, no te pela, es lesbiana) ni su ciervo, (Ese gato es el violador de la Narvarte) ni su criada, (pinche gata, tiene chancros) ni su buey, (tan babas serás si terminas pagándole la Ibero al pendejo del hijo del prójimo) ni su asno (oooooorale) ni cosa alguna de tu prójimo.


Esto es una chingadera de ese que creemos que es dios, y seguimos alabándolo

(Amen)

viernes, 21 de mayo de 2010

Fe de erratas en el calendario chino 2010


Lamento informarles que en el calendario chino aparece un error en la secuencia de los días. Se repiten dos caballos.

la buena noticia es que ese error sólo ocurrió en Mayo. Los demás meses están bien.
En cuanto vea el modo de publicar la página con la corrección hecha lo haré ya que ignoro si blogger acepta archivos de corel draw.

Muchas gracias por su paciencia y si quieren ver realmente qué zodiaco corresponde al resto de los días de Mayo, les recomiendo que vean en la calculadora de Bazi, la cual cambia de signo diario automáticamente.

Muy apenada:
La China

GUERRA DE ZAPATOS

-Estoy seguro que no me crees ni madres. Estos ojos no pueden mentir con algo así.

-Te creo Roberto, ya cállate, nomás me estás bajando la eriza.

-A ver. Si me crees, entonces por qué estás tan tranquilo y como si nada cabrón.

-La verdad es que me perdí en el nombre del escuincle ese.

-¿Desde allí te perdiste? ¡Cómo eres güey! Le decían el Naiki. Ese hijo de su pinche madre.

-No mames.

-Era por sus tenis. El Naiki... Qué risa me dio cuando le colgué los tenis en el cable de enfrente del parque. Éramos nueve escuincles, todos de la misma escuela. Nos íbamos a echar desmadre al parque. Allá en la condesa.

Jugábamos tocho. Antes en la Condesa y en la Roma no se jugaba tanto fútbol, eso nos lo importaron los de la Doctores. Ya ves ahora, el parque está lleno de mariquitas que chillan a la primera patada.

Chidos los años ochenta. Teníamos diez años todos parejo, menos el Naiki, ese tenía doce, pero se portaba como idiota. Ahora que lo recuerdo así. Ya no me molesta, o a lo mejor ya me estoy acostumbrando. Sepa.

El Naiki fue a dar a la condesa por que sus papás viajaban mucho. Él era de Tijuana y hablaba pocho. Yo creo que por eso comenzó a caernos gordo. ¡Ese cabrón! Con tal de no quedarse solo en el recreo, se aguantaba todas las mamadas que le hacíamos. Un día, el judío Ismael le jugó calzón romano al Naiki hasta reventarle el elástico, y se me hace que hasta los güevos, todo porque el Naiki le preguntó cómo se hace un calzón romano.

-Calzón romano es el que te deja sin...

-Ese mero carnal, ese mero. Total que nos tenía jodidos a los de la bandita, además era bien machín el Naiki; todo el tiempo era: "en Tijuana esto, en Tijuana aquello otro. ¿Qué aquí no hay twinkis? Puro gansito. Las viejas nomás estorban, vámonos a jugar a mi casa con el nintendo, el Atari ya quedó en el pasado, les va a gustar. ¿Okey? "Mom" me compra la ropa en San Diego. No seas indio no se dice "naik" ¿ves como se escribe? Qué naco, tampoco es "Niqué", asshole. Se pronuncia Naiki. ¡Qué indios! fucking beaners, fucking spiks" decía como si no le entendiéramos. Deveras qué imbécil.

Era Güerito de ojo azul, por eso daba el gatazo y se las gastaba de gringo rico, la verdad es que me moría de la envidia, en ese entonces a penas llegábamos a tener tenis y si eran de marca, se llamaban Puma o Canadá. Ahora ya no se si era culpa de mis padres, sobre todo de mi madre, ella era la que insistía en tenerme en esa pinche escuela de paga. ¡Pus si! Puro riquillo de a tostón, Judíos que se hicieron de lana y después, venidos a menos. Hijos de mamacitas solteras que apenas pueden solas, niños de familia burócrata, hasta había un güey de apellido. Era a toda madre el cabrón. Su papá fue a dar al bote en el ochenta y siete y él con sus chivas a la Simón. Había un chingo de niños muy acá, pero sin varo gracias a la decena trágica, sí. Así estaba la cosa.

Pero ningún niño era tan mamila como el Naiki;

Había muchos, niños de todos colores y sabores. Nos pasaron a chingar no más por querernos dar una "mejor vida", la verdad es que era pura competencia. Me acuerdo que al Naiki le hacían puro sandwich de jamón español.

Así de jodido, el güey.

Un día nos presumió que su madre no tuvo tiempo de hacerle el lonch y le mandó un sangüich de "crema de cacahuate". En mi casa no había de esas jaladas.

¿Te conté que su jefe era Narco?

-¡Tú qué sabes! ¿Te consta?

-No, pero pues ese era el chisme; no le entendía a eso del narco, pero me intuía algo culerón por ahí. De niño era muy morboso.

Nos comenzamos a juntar con el Naiki por que nos regalaba estampitas de los Garbage pail Kids,

-¿Qué no eran los monos esos que se hacían licuados de mocos?

-Bien que te acuerdas cabrón. Como los maestros nos las confiscaban el baboso del Naiki nos regalaba más, y todo para que lo peláramos. Ese güey era algo serio; no se daba cuenta cuando nos lo estábamos agarrando de cochinito. A veces lo obligábamos a robarse el coche del su jefe, un carro que se parecía al de los duques de Hazard, nomás que color gris acero.

Le dábamos la vuelta a la manzana de vez en cuando; hasta que un día el tarugo lo chocó saliendo de su casa y la gata pus se dio color.

¡Pinche escuincle de doce años! Y todo nomás por que queríamos treparnos a ese coche.

Por supuesto que lo amenazamos. Primero nos escondimos en el coche y la señora nomás lo vio a él. Genial la gorda, se metió en chinga a la casa para acusarlo por teléfono con su papá y nosotros, escondidos como ratas, jaloneamos al Naiki y se la cantamos: "Si dices algo de nosotros ya no vas a ser nuestro amigo, ¿eh?". Y que se pone a llorar. "No, no. Yo no digo nada, no soy maricón, yo no rajo" Total, pasó.

-¿Y luego?

-Oh, ‘pérate. Fue en una de esas idas al parque España, saliendo de la escuela, cuando nos fuimos corriendo a ver quién llegaba primero, Ismael siempre llegaba primero resoplando. Nueve niños, la bandita de siempre y el buey del Naiki que siempre llegaba penúltimo y le gritaba al Rubén por gordo y lento. Eso era lo que más me enchilaba; "Ay ya que se muera el cabrón, por presumido", pensaba. Me sentía yo como en una revista del Memín Pinguin, o como el niño que ayudaba a "Chispita".

Mi mamá y mi hermana veían puras telenovelas y yo con ellas, ni pedo. Creo que mi hermana se creía Lucerito por que se la pasaba chille y chille.

Pero en fin, le agarré tirria particular al Naiki por que era igualito al malo de las telenovelas. No más que a lo baboso. Y yo por dentro deseaba: "Que se vaya o que se muera".

-Ese día, Julián Cardona traía un juego nuevo. Como él era "buey escaut", siempre nos enseñaba un juego vaciado, pero para convencernos a jugar sus puntadas era un desmadre.

A todos nos parecían puras vaciladas, demasiado extravagantes: "¡Tú y tus mariconadas de siempre, faggot!" Gritaba el Naiki.

Gracias a esos comentarios y nomás por chingarlo, jugábamos que si escaleras, maratones de carretilla y pistas ciegas.

Ese día, Cardona nos convenció porque la verdad estaba ingenioso el juego y no nomás por molestar al Naiki.

-Futa…

-A ver, te explico:

Se hacen dos equipos, como en el tochito. Todos se quitan los zapatos. Se trazan dos círculos bastante grandes a modo de metas. A Pepe que era el dibujante, le quedaban muy bien, así que él los hacía para ambos bandos aunque siempre jugara de mi lado.

Al primer silbatazo empieza el partido. A los dos silbatazos, se acaba el primer tiempo y así.

Se vale de todo, menos golpear abajo del cinturón. Unos cuidan el círculo, otros salen a la guerra. La idea es aventar zapatos a lo loco, hasta que en cada círculo quedara la mayor cantidad posible. El equipo con más Zapatos dentro de su círculo, pierde.

Julián Cardona era nuestro couch y árbitro por que él ponía los juegos y el silbato; el resto nos agarrábamos del moco.

Sonó el silbato, y una lluvia de Zapatos golpeó parejo. Allí me tenías feliz como nunca, aventando zapatos a lo buey. Uno me pasó zumbando por la cabeza y al Pepe le rebotó un tenis en plena cara. ¡Qué chido! El círculo del equipo contrario se iba llenando y el Gordo Rubén apenas y podía con los zapatos que se le colaban hasta por la cola.

Atrás quedó Jacinto con un zapatazo en los güevos, el culpable fue Ismael quese disculpaba y se disculpaba cagado de la risa.

Yo lancé cuanto zapato me iba encontrando y para cuando nos dimos cuenta, ya nadie estaba atendiendo las reglas, aquello era un desgarriate de poca madre.

Zapatos iban y venían, la idea era pasearlos como si fueran confeti y serpentinas. Si a algún baboso se le ocurría atravesarse le tocaba un madrazo.

Ps total, te sobas, te levantas y sigues dándole si es que la risa te deja.

Yo ya estaba hasta sudando cuando descubrí al Naiki cazando uno de sus pinches tenis.

-Los naik, ¿verdad? Por eso le pusieron Naiki. Por presumido

-Ajá. Estaba bien chido ese par, por eso, cuando se dio cuenta que sus tenis gringos podían perderse, se puso a buscar la parejita.

Pues que se lo quito y "Órale, ven por él pendejo", ¡huy, huy! Y lo aventaba para el otro lado.

Los zapatos seguían volando y el Naiki, luego de tratar de agarrarme a putazos que recupera sus chanclas. Las amarró por las agujetas bien rápido.

Yo no pude defenderme por que me ganaba la risa. Güey casi me meo.

"¡Todos contra el Naiki!" Grité y la lluvia de zapatos se le vino encima, aproveché para quitarle sus pinches tenis y que me echo a correr.

Julián comenzó a tocar un silbato para detener el juego, pero el buey del Pepe seguía entrado en la guerrita y que le suelta un zaptazo que le tumbó el silbato y dicen que un diente; yo no me acuerdo de eso. Total que se distrajo y todos los demás corrieron tras de mí y el Naiki.

Se hizo la bolita, el Naiki pegaba duro pero yo era más mañoso, agarré los tenis, corrí hasta la banqueta y los lancé hacia arriba con todo lo que me daba el brazo y allí se quedaron colgados de un cable, como esferitas blancas.

El Naiki se puso verde de la rabia, cabrón. Que se suelta de a perro loco, "madres, madres, madres", con las manos abiertas como vieja: "¡Indio tarado, mis Naiki! Te los quieres robar ¿verdad? Yo creí que eras mi amigo".

Eso fue lo que me sacó de quicio. “¡Qué amigo ni qué nada pendejo! ¡Suéltame idiota, a ti nada más te quiere tu puta madre!”

Y que lo empujo a la calle.

Un carro, rojo.

Qué raro porque no había mucho tráfico para la hora que era.

Era un carro rojo y sin placas.

Con eso tuvo.

Sonó...

Un carro rojo, tenía que ser rojo para coronarlo.

Qué buey era...

El Naiki.

Sonó como cuando se cae una maceta llena y mojada… Igualito.

El único que no vio nada fue el Julián que apenas nos alcanzó luego de encontrar su silbato. Y luego, todos a la delegación por que un policía si nos vio. El mundo entero nos vio. Yo en cambio, no podía ver a mi mamá a la cara y mucho menos a mi papá.

El me decía los "Hombres no lloran no seas maricón". Y no lloré me cae de madres que no lloré.

Pero él sí lo hizo. Mi papá lloró con ganas.

-¿Y los tenis?

-Los tenis valen madre, carnal.

Valen madre.

270899

México, D.F.

Guerra de Zapatos (Introducción)

El cuento que sigue es muy largo como para un blog, pero me atrevo, me atrevo.

Es mi pequeño homenaje a los ochentas, a la Condesa y a ese momento en la vida de la ciudad en que no existía eso de ser políticamente correcto y la crisis tenía nombres, apellidos y hasta números lógicos.

En un principio, este cuento fue un ejercicio para buscar un ritmo y un lenguaje que no delatara mi género. me falló un poco, pero me divertí mucho escribiéndolo.

Cada vez que lo encuentro lo corrijo un poco. Pero, a decir verdad, ya después veré quién se anima a corregirlo por mi.
Han pasado tantos años desde que lo redacté, que ya es justo que lo saque a pasear, de perdida en el molcajete.

Se buscan opiniones.

Cris